Los caminos del habla

La madre de todas las zonceras


…. es Civilización y barbarie. La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna, (…) como quien abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América transplantando el árbol y destruyendo lo indígena…

                                                                                Arturo  Jauretche

Antes de comenzar

M- Hablemos de los motivos, de los disparadores. Ya mucho antes de leer o más bien de releer a Jauretche -tenía una primera lectura de juventud bastante soterrada- me rondaba la idea de seguir la deriva de la dicotomía sarmientina de civilización y barbarie en la certeza de que se trata de una idea madre que atraviesa toda nuestra literatura y nuestra historia social. Y no me refiero a los límites de la nacionalidad sino a todo lo que tiene que ver con la patria grande latinoamericana, sólo que en razón de la extensión aquí acotaremos el discurso a nuestra realidad cercana.  Señalemos también que nuestra otra conversación -sobre el Martín Fierro- también fue como una deriva que habría de desembocar  necesariamente en el tema; queda registrado en el título del último tramo. Pero aún podríamos preguntarnos por qué insistir en el tema, por cierto que se trata de un tema recurrente…

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Arte y verdad en el joven Nietzsche

  Sobre las Consideraciones intempestivas   

    I.  Crítica de la cultura histórica.

Hay un leit motiv que atraviesa el conjunto de las Consideraciones Intempestivas; el tema se remonta más allá, a El nacimiento  de la tragedia y a otras obras juveniles, es el tema de la cultura que encierra también la pregunta por la posibilidad de un re-nacimiento ¿será posible el retorno de Dionisos?.   El punto de partida es un estado de ánimo del autor anclado en un estado de la cultura. El mismo nos da la clave en su Ensayo de autocrítica: se trata de un “problema de primer orden, (...) la prueba está en la época en que nació y a pesar de la cual nació, la turbulenta época de la guerra franco-prusiana 1870-71”. Alemania cree que tiene una cultura pero no es más que un artificio, un simulacro, pura imitación francesa. La conciencia de carecer de una cultura que en tiempos de Goethe y Schiller sacudiera y excitara a estos espíritus creadores para  construir  las bases de una cultura auténtica se ha oscurecido en tiempos de Nietzsche con la victoria en la guerra contra Francia. El alemán se confunde. La victoria militar no es índice de victoria en el campo de la cultura.  La clave está también en el título el calificativo de intempestivas para aquellas consideraciones: “Esta consideración es también intempestiva –nos dice- porque yo trato de interpretar como un mal, como una enfermedad, como un vicio, algo de que nuestra época está orgullosa con justo título, su cultura histórica”, el filósofo podemos interpretar quiere “obrar de una manera inactual, es decir contraria a los tiempos y por eso sobre los tiempos y a favor, (....) de un tiempo futuro” (UB II. Prefacio) 

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La "Otra" intrusa

 

A mí no me lo contó nadie, lo pude vivir en cada gesto, en los vaivenes de la mirada, en los humores tornadizos de la Emilia, aquella que en el cuento no tuviera nombre, la intrusa nomás -la nombra-, Y ella que estaba plena de marcas singulares; invisibles –claro- para los ojos que no ven. Emi habló aquél día volviendo del mercado por el camino de la vera del río.

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Pájaro de patas azules

Antes y ahora, una y otra vez espuma, y nada más

–me pregunto sobre vos.

Se me fue pasando toda la mañana escuchando canciones de nostalgia

El grande  de Favio me pasea por todas la vidas de ese “nosotros” amplio y fragmentado que mira para atrás y va armando cañamazo.

El pasado nos tiende un farol para  alumbrar este presente empeñado en el sentido.

Pero acaso no quiera comprender sino sólo recordar y llenarme de memoria como me lleno de esa música saturada de aromas y sentimientos.  

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Arte y filosofía como exposición

Más allá del estéril debate sobre el derecho a existir de la posmodernidad, sobre la pobreza misma de su nombre que no se distingue por sus raíces sino por su derivado, sobre su identidad subordinada por el fatal post que la vincula con un después y le traza un destino dependiente. Más allá de la conformidad o el sosiego que nos brinda optar en esta pugna entre modernidad y posmodernidad tal que: la modernidad, un proyecto inconcluso, la muerte, el declinar y/o superación de la modernidad, la modernidad que gesta en sus entrañas el germen de su propia destrucción, la posmodernidad bajo sospecha de neoconsevadurismo. Más allá de todas estas tesis absolutistas que no hacen más que ilustrar reiterando el problema que quieren zanjar, quizá sea más apropiado al tono del propio debate suspender el juicio sobre los derechos y penetrar en el bosque ya no con la mirada globalizadora que desde arriba quiere trazar el mapa de las líneas fuertes y el valor de conjunto, sino con la mirada lateral que puede indistintamente detenerse en las grandes copas o en las pequeñas e imperceptibles rugosidades de los troncos.

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Filosofía en la encrucijada

Hay muchos aspectos en que hoy día la filosofía se debate entre dos extremos; tironeada de uno y de otro lado, apenas, respira. De entre todos los debates destaco uno que considero, quizá caprichosamente, el resumen de todos ellos. Es aquel que disputa acerca de su naturaleza, el que revolotea entre las preguntas del qué es y qué lugar ocupa en tanto es lo que es entre las ciencias y las artes.

Y hay dos grandes respuestas a estas grandes preguntas: la filosofía quiere ser ciencia, la filosofía quiere ser poesía. Lo mismo valdría cambiar el quiere por el debe, pero es de la índole de la pregunta el no poder ser respondida con el es. En realidad la pregunta por la esencia de la filosofía no puede dejar de ser un llamado de atención por sus posibles o actuales deformaciones, abusos o pretensiones indebidas.

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