Los caminos del habla

Elisa quiere estudiar

Escena I

Elisa y Julio, su novio en el banco de una plaza mirando al público.

Julio -  ¿Y qué tanto misterio? Contame… ¿qué me tenías que contar?

Elisa  - Que al fin encontré trabajo.

Julio - ¡¡Qué bueno!!! ¿Dónde?

Elisa  - En una casa de familia, cama adentro, salgo los viernes.

Julio  - No, no puede ser ¿Qué decís? No lo puedo creer.

Elisa  - ¿Qué pasa…, no te alegra, cuál es el problema?

Julio  -  Que no puedo creer que te hayas metido en casa de burgueses.  Fue por eso entonces que te busqué toda la semana y no pude encontrarte. ¡¡Estabas internada!! ¿Cómo se te ocurrió?

Elisa  - Me pasó el dato la Bety…, que una amiga de ella dejaba el trabajo y estaban buscando reemplazante.

Julio   - No me refiero a eso, te pregunto cómo pudiste elegir eso, trabajo de mucama , de sierva.

Elisa - No soy sierva, soy empleada y además no lo elegí, me llegó, estaba sin trabajo.

Julio   - Me hubieras dicho a mí, podría haber preguntado en la fábrica, o en otros lados, tengo muchos amigos.

Elisa   - ¿Cuánto hace que te digo que ando buscando, que no tengo chamba?

Julio - (molesto) Qué se yo, no sé. Ahora no me vengas con reproches.

Elisa  - Yo no te vengo con nada, eres tú  el que me reprocha, yo sólo quería compartir …, festejar.

Julio -   (con mucha bronca) ¿Festejar…? ¡por favor no me hables de festejo…! (se produce un silencio tenso, no se miran ni se hablan por unos minutos).

Elisa  - (agarra la cartera y se  levanta ) Bueno si estás tan embroncado me voy.

Julio   - (la toma del brazo y la hace sentar nuevamente). Esperá, no te podés ir así. Perdóname la reacción pero me tomaste de sorpresa… Todo se va a arreglar Ya vamos a ver..., te voy a conseguir otra cosa, te juro, voy a averiguar por todos lados, algo va a salir. Por el momento quédate ahí  y confiá en mí.

Elisa  - (con cara de incrédula que él no ve) De acuerdo, esperemos entonces.

Julio  -  (más distendido) Bueno ahora contame ¿cómo te fue con esos bichos?

Elisa  - Por ahora bien, la señora un poco desconfiada, los primeros días, me estuvo investigando de todo: que si estoy sana, que si me drogo, que qué cosas leo, sobre mis costumbres.  Yo sentía que todo lo que me preguntaba tenía una doble intención.

Julio -  No te decía yo….. que son de terror….

Elisa – Lo que más me molesta son las vueltas que da, si me lo preguntara directamente no me chocaría tanto. ¡Ay si la vieras…! La cosa es que te busca conversación y en seguida cae con una pregunta traída de los pelos que apunta a eso, a sacar información.

Julio -  (intrigado) ¿Información? ¿Qué información te quiere sacar?

Elisa -  No tonto, información sobre mi persona…, para clasificarme. Sí, eso, clasificarme.¿A ver…, cómo te explico?  Hay un nosotros y un ellos (se queda pensando) bueno en eso un poco se te parece.  Y dale, y dale con con esa frase, “porque ustedes…..”, -el ustedes somos nosotros- “porque ustedes…”.

Julio  - (la interrumpe) Y claro, no te digo, claro que hay una diferencia, somos distintos, eso es lo que trato de explicarte, tantas veces que te lo vengo diciendo … Ojalá tengas tiempo de darte cuenta mientras estas ahí, (con tono suavemente amenazante) ya los vas a conocer.  (entusiasmado). Ahora ya le estoy viendo el lado bueno, creo que te va a hacer bien estar ahí, te va a abrir la cabeza.

Elisa  - (hace otra cara de incredulidad que él no ve) Pero vos de  qué hablás, para ella es cuestión de raza, la frase terminaba “…que son de otra raza..,” “ustedes que son de otra raza” a cada rato está con esa cantinela.., ¿te das cuenta (pausa, se queda mirándolo).  Sabés lo que me parece, que en el fondo o no tan en el fondo porque se nota  enseguida,  tienen miedo, tiene miedo esa señora…, (se queda pensando).

Julio   - ¿Y el marido?

Elisa  - El marido no, el marido es más relajado, tiene más onda.

Julio  - (con un tono casi amenazante acentuando la O) Ojo, con el marido, puede ser más peligroso.  (silencio) Bueno..,  ¿vamos?

Elisa -Vamos. (se levantan y salen caminando  hacia  el costado).    

 

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Ascenso a los infiernos

Prólogo

(Esta adaptación del cuento de  Kafka Ante la ley hará la vez de prólogo recitado por una persona que hace de una especie de coro griego con tenue música de fondo) 

Ante la ley hay un guardián. Se acerca un campesino y pide entrar. El guardián dice que no en ese momento, pero como las puertas están abiertas, el hombre trata de espiar. El guardián, se ríe: “Atrévete a entrar –le dice- pero ojo que en cada sala te vas a encontrar con guardianes cada vez más poderosos”. El campesino mirando el imponente porte del guardián se resigna a esperar y éste  le alcanza un banquito para que se siente al lado de la puerta. Allí espera el hombre días y años. Muchas veces intenta entrar e importuna al guardián con sus ruegos; éste responde con pequeños interrogatorios inútiles acerca de su terruño y otras cosas, pero termina siempre con un no.

Durante los primeros años el hombre maldice en voz alta, luego va envejeciendo, perdiendo fuerzas  y ya sólo murmura  para sí. Casi a punto de morir se atreve a la última pregunta “¿Si es verdad que todos buscan la ley, como es que en todos estos años nadie pidió permiso para entrar?  Y el guardián responde: “Nadie más podía entrar porque esta puerta estaba destinada solamente a ti, y ahora la cerraré.

 

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Las rondas de Clitemnestra

Clitemnestra: Señores jueces con sus bravas togas y pelucas, escuchen, no se confundan, abran  oídos, abran cabezas, que hay mucha materia para ordenar después de siglos de traspapeleo. Dormidos los cuerpos unos sobre otros en loca ebriedad hoy comienzan a mover los párpados para mirar entre las sombras. Escuchad la música que viene de las profundidades de la tierra y recorre el aire denunciando aguas turbias y hechos ocultos, hechos que se pretende que no fueron pero están allí como ojos de lobo en acecho.

 

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Lady Macbeth, mulier sacer.

Música de acordeón en diálogo con voz cantada sin palabras.

Coro de brujas - Mírenla…, lady Macbeth, que se lava, se lava… las manos.., no cual Pilato, como signo de abstinencia, lava para ahuyentar, para borrar la mancha, lava, lava.., una y otra vez. Lava del volcán cayendo, inundando, ríos teñidos, torrente que arrastra, agua, lava, barro, sangre, camalote, mezcla de elementos que arrasan, se llevan la vida. Voces que al tiempo se ahogan y claman.., ¿Perdón?... No perdón, apenas paz. Tantas manos que quieren lavarse, tantas manos sucias que quieren, o debieran querer. Mancha roja de púber violada, de virgen sacrificada al dios de los vientos para bendición de las naves, de soldado desconocido, asesinado por hermano, por primo, amigo, mancha de quien se matará de horror víctima del propio crimen. Mira, la mancha roja en sus manos que se extiende y le sube por la garganta y le ahoga la garganta; mancha que sube, baja y la envuelve como manto rojo hasta la asfixia.

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Mito, tragedia e identidad en el Martín Fierro

Un nuevo contrapunto: protocolos

M- Martín Fierro es ya un objeto construido por diversas, sucesivas lecturas, interpretaciones, desvíos. Muchas fueron las voces que se levantaron y fueron a su turno respondidas: retrucadas, alabadas o condenadas. ¿Símbolo patrio o tipo singular? ¿Héroe o gaucho matrero? ¿Mito o antimito? Como una cebolla se ha ido moldeando por capas y capas de decires y retruécanos. Nuestro texto, ahora, trata de agregar un eslabón a eso que, aunque no guarde las formas de tal por lo disperso en el tiempo, es un largo diálogo sobre el Martín Fierro.

J- Es cierto, todo texto se completa de forma decisiva en su lectura, y éste cuya interpretación se juega en una serie de problemas o debates históricos, asume de modo más explícito o consciente ese enunciado; más que otros el Martín Fierro se produce y reproduce en ese vaivén entre el texto y la tradición de sus lecturas. Por eso en este nuevo diálogo se tratará de repensar y recorrer la distancia entre el texto y esa serie de lecturas: se trata –todo el tiempo- de ir del texto a sus lecturas, de éstas nuevamente al texto, buscando nuevos problemas, nuevas claves de interpretación.

M- Muchas son, en verdad, las opciones posibles de desplegar, pero todo diálogo se prende de una cuerda y presume algo de coincidencia y un poco de disenso. No se puede dialogar en el acuerdo total ni desde la diferencia absoluta. Desde estos presupuestos, armamos el marco de una conversación imaginaria que se cuelga de un discurrir por siempre inconcluso, expandido en el tiempo. Nos colamos, entonces, en la marea de este diálogo histórico con voz apenas audible, sin pretensión de originalidad, recordando más bien palabras ajenas, viejas polémicas. Y avanzamos en el trazado del contrapunto no sólo como una manera de rememorar y remover viejas lecturas y discusiones, sino de hacerlo además en el marco de una constelación de conceptos pertenecientes a la estética romántica: mito, épica, tragedia, héroe, identidad, destino. Pero el Martín Fierro es en principio también un concentrado de dicotomías cuya expresión emblemática acaso sea la de civilización y barbarie, síntesis abigarrada de una larga serie de oposiciones -sólo en parte equivalentes pero siempre vinculadas- de índole política, ideológica, social o literaria. Nos detenemos –para empezar- en esta última, un debate sobre el género, por cierto, muy imbricado de trasfondos políticos.

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Las redes del sueño

Estaba que me adormilaba con el traqueteo, en un estado de abandono sin resistencia; más bien me complacía la marea del sueño que me abrigaba como un paño tibio. Son las cosas que en el tren se hacen posibles tras la monotonía del paisaje y el desgano de las horas, cuando los músculos se aletargan y la escucha se hace más alerta, momento propicio para cazar motivos, ese acechar la realidad para alimentar a la ficción, eterno sueño del artista.

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