Los caminos del habla

Cuestión de tierras

Ya había terminado el congreso de filosofía y comenzaban los preparativos para el regreso, cada uno a su tiempo armaba las valijas y el espacio se iba llenando de vacío. Unos ya se habían ido, otros se estaban alistando; nosotros nos quedábamos para la velada del cierre; saldríamos el sábado. En esas noches de fogón me gustaba ser de las últimas, gozar el momento de los pocos, cuando se arman las charlas del estribo, y se desbocan los chismes, cuando el vino invertido durante toda la noche comienza a dar sus frutos de “in vino veritas”, cuando ya no se puede parar el fluir intermitente de historias de demonios y aparecidos que se han ido agolpando en las bocas de los cuenteros. No importa cuantas veces las hayamos escuchado siempre dejan en la piel esa sensación de sudor frío y noche desvelada. Y esa noche de luna llena y bosque alborotado algo pegó más allá de lo acostumbrado, todos nos recogimos en silencio y apenas nos saludamos con un incrédulo “Buenas noches”.

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Lo uno y lo múltiple

Un crucero, a bordo unas veintisiete personas entre chilenos, brasileros y argentinos: andaba dando paseos por las islas del sur de Chile. La pasamos bien, llevábamos 16 días de excursión por rincones y lugares de insospechada belleza; nos habíamos hecho amigos en pequeños grupos, aunque todos nos tratábamos con simpatía y hospitalidad. El día 17 viró la suerte, comenzó nuestra mala luna, fue por la noche, luna menguante, luna miserable, completa oscuridad. Los pasajeros dormíamos o estábamos a la espera de que el sueño nos visitara; muy pocos permanecían en cubierta redondeando las despedidas

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Dos afluentes en colisión. Goethe y Schiller en el debate entre clásicos y románticos

La relación entre Goethe y Schiller jalonada por una amistad y a la vez una tensión puede servir de paradigma para discurrir sobre lo clásico y lo romántico. La importancia de estas figuras se manifiesta en el hecho de que ambos son considerados los creadores del idioma alemán, se dice que ambos contribuyeron a sacarlo de la barbarie, a modelarlo, a adecentarlo, a transformarlo en un idioma capaz de expresar alguna idea elevada. Porque era el alemán en la época barroca un idioma vulgar e informe, tanto que Federico 11, el Grande, el gobernante ilustrado, decía de sí mismo que hablaba el alemán "como un cochero". Pero esto no es más que un aspecto del significado histórico de estos dos grandes, cuya importancia en tanto figuras paradigmáticas no se explica sino en el marco de la época.

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De la mecedora a los Apeninos

Lucía mira al padre de humor casi ausente, que se hamaca con automatismo desganado. Piensa en la mecedora, ese objeto antiguo ¿cómo habrá llegado a la casa, qué recorridos habrá consumado? No recuerda que estuviera allá en la casa de la infancia, sería acaso un legado, u objeto rescatado de una feria, cuando alguien quiso deshacerse de esas cosas ya acopladas al pasaje de lo útil a lo molesto.

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La madre de todas las zonceras


…. es Civilización y barbarie. La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna, (…) como quien abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América transplantando el árbol y destruyendo lo indígena…

                                                                                Arturo  Jauretche

Antes de comenzar

M- Hablemos de los motivos, de los disparadores. Ya mucho antes de leer o más bien de releer a Jauretche -tenía una primera lectura de juventud bastante soterrada- me rondaba la idea de seguir la deriva de la dicotomía sarmientina de civilización y barbarie en la certeza de que se trata de una idea madre que atraviesa toda nuestra literatura y nuestra historia social. Y no me refiero a los límites de la nacionalidad sino a todo lo que tiene que ver con la patria grande latinoamericana, sólo que en razón de la extensión aquí acotaremos el discurso a nuestra realidad cercana.  Señalemos también que nuestra otra conversación -sobre el Martín Fierro- también fue como una deriva que habría de desembocar  necesariamente en el tema; queda registrado en el título del último tramo. Pero aún podríamos preguntarnos por qué insistir en el tema, por cierto que se trata de un tema recurrente…

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Arte y verdad en el joven Nietzsche

  Sobre las Consideraciones intempestivas   

    I.  Crítica de la cultura histórica.

Hay un leit motiv que atraviesa el conjunto de las Consideraciones Intempestivas; el tema se remonta más allá, a El nacimiento  de la tragedia y a otras obras juveniles, es el tema de la cultura que encierra también la pregunta por la posibilidad de un re-nacimiento ¿será posible el retorno de Dionisos?.   El punto de partida es un estado de ánimo del autor anclado en un estado de la cultura. El mismo nos da la clave en su Ensayo de autocrítica: se trata de un “problema de primer orden, (...) la prueba está en la época en que nació y a pesar de la cual nació, la turbulenta época de la guerra franco-prusiana 1870-71”. Alemania cree que tiene una cultura pero no es más que un artificio, un simulacro, pura imitación francesa. La conciencia de carecer de una cultura que en tiempos de Goethe y Schiller sacudiera y excitara a estos espíritus creadores para  construir  las bases de una cultura auténtica se ha oscurecido en tiempos de Nietzsche con la victoria en la guerra contra Francia. El alemán se confunde. La victoria militar no es índice de victoria en el campo de la cultura.  La clave está también en el título el calificativo de intempestivas para aquellas consideraciones: “Esta consideración es también intempestiva –nos dice- porque yo trato de interpretar como un mal, como una enfermedad, como un vicio, algo de que nuestra época está orgullosa con justo título, su cultura histórica”, el filósofo podemos interpretar quiere “obrar de una manera inactual, es decir contraria a los tiempos y por eso sobre los tiempos y a favor, (....) de un tiempo futuro” (UB II. Prefacio) 

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